Crecí entre estantes de madera, balanzas antiguas y conversaciones de barrio. Mi abuela Luci regentó durante décadas una humilde pollería, en la plaza de Abastos de Logroño, donde vendía carne ofreciendo confianza, consejo y cariño. Recuerdo verla elegir cada producto con esmero, atender a los clientes por su nombre, preguntar por la familia, recomendar con honestidad.
Esos recuerdos se me quedaron grabados. Y aunque el mundo ha cambiado ( las grandes superficies, las prisas, la impersonalidad) yo seguía soñando con mantener aquel espíritu. Así nació La Luci Delicatessen, hace ya más de diez años, en pleno casco antiguo de Logroño. Le puse su nombre como un guiño a la mujer que me enseñó que vender bien es, sobre todo, cuidar bien.
Desde el primer día, en La Luci además de elegir productos exquisitos, artesanos y con historia; también te escuchamos, te acompañamos, te ayudamos a elegir lo que mejor encaje contigo. Como hacían los tenderos de antes, los de ultramarinos, los que sabían que detrás de cada compra hay una persona, una ocasión, un detalle que importa.
Con esta web, mi intención es llevar ese mismo espíritu más allá de la tienda física. Que quien nos visite, desde donde sea, sienta que aquí hay alguien al otro lado. Que cada producto está escogido con mimo, que cada cesta es única, que cada recomendación nace de una conversación.
Porque, aunque el mundo siga cambiando, yo sigo creyendo en las cosas bien hechas, en la calidez de un trato cercano y en el poder de las tiendas pequeñas que crean comunidad.
Y esa es, en el fondo, la historia de La Luci: una tienda con alma, que mira al futuro sin perder de vista lo mejor del pasado.
– Javier –